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El cambio climático, casi con toda probabilidad, es el mayor problema socioambiental al que se enfrenta la humanidad en nuestros días. Sus consecuencias afectarán a la forma de vida de muchas personas y modificarán gran número de ecosistemas. La lucha contra él debe ser un compromiso de toda la población y en ella la educación tiene un papel fundamental. Este problema de magnitud global requiere de respuestas locales y generales simultáneamente y se entremezcla con cuestiones complejas como la pobreza, el desarrollo económico y el crecimiento demográfico. Los países pobres están más expuestos a los efectos del calentamiento atmosférico y son los que menos recursos tienen para enfrentarlo. Por ello, se trata de un desafío social, económico y ambiental global. La Estrategia Canaria de Lucha contra el Cambio Climático, aprobada por el Parlamento de Canarias el 14 de mayo de 2009, recoge el compromiso solidario para coparticipar en los principios y el cumplimiento de los objetivos de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto. Muchas de las medidas de mitigación y adaptación propuestas en la Estrategia Canaria, sólo pueden lograrse a través de una política decidida de educación y sensibilización, para todos los sectores, sobre los desafíos a los que nos enfrentamos. En el ámbito escolar, uno de los objetivos es capacitar al alumnado para conocer las claves científicas y los dilemas sociales relacionados con el cambio climático, ya que estamos ante un fenómeno que condicionará la vida futura de las generaciones que ahora asisten a nuestras aulas. Para ello, los centros educativos deben poner en marcha acciones encaminadas a favorecer el cambio hacia una cultura «baja en carbono» y generar un sentido de la responsabilidad que haga de cada cual una persona comprometida y motivada para el cambio. No se trata de trasladar a la educación toda la responsabilidad de que se tenga una reacción adecuada ante el cambio climático, pero sí es cierto que la indispensable respuesta social no estará a la altura de las circunstancias si la comunidad en su conjunto no es capaz de valorar adecuadamente el problema e implicarse en los esfuerzos de cambio requeridos.